lunes, 19 de septiembre de 2011

A la vista



Ponciano Palma y Sixto Araiza lo planearon todo muy bien. Ante todo, había que despertar aún más la codicia nunca dormida de Serafín Farías, el dueño de la empresa de transportes, el patrón, el explotador, ese señor que se sentía Un Hombre con mayúsculas por su poder tan absoluto sobre trabajadores tan necesitados. Le hablaron de unos terrenos espléndidos que podría comprar a precio de ganga y, con el pez ya mordiendo el anzuelo, uno de ellos se fingió otro en el teléfono, dijo ser Idilio Villalpando, el fantasmagórico dueño de las imaginadas parcelas. Le dijo también que como Sixto era amigo de la infancia de él, el dueño de las tierras, podía encargarse de llevar al dueño de los trabajadores hasta los codiciados terrenos, que no quedaban nada cerca de donde el explotador vivía. Hacia allí fueron los tres y, en aquel lugar lejano y desértico, Ponciano y Sixto mataron a tiros a Serafín Farías y despeñaron el camión por un barranco. Se separaron después y uno tenía que huir al este y otro, al oeste. Pero a veces, cuando se acaba el odio ?o al menos el primero, el mayor de los odios?, se descubre lo que nunca se ha querido ver. Ponciano y Sixto, que creían haber cometido el crimen perfecto, comenzarán a deambular por el siempre sorprendente México sadiano y por otro inesperado desierto interior en una huida hacia delante, hacia atrás y hacia todos lados, en pos de ilusiones falsas o verdaderas, en busca de otra vida o de otro sentido para la misma vida. Y he aquí A la vista, una tragedia cómica, o comedia trágica, donde brilla una vez más uno de los más grandes escritores mexicanos contemporáneos, un constructor de barrocos edificios verbales, pero también fiel a la palabra hablada, la de los narradores populares, la de los charlatanes gozosos. En esta novela Daniel Sada confirma su extraordinario talento literario tan celebrado por destacados escritores y críticos literarios: "Sada, desde luego, escribe sobre la provincia como solo se puede hacerlo a caballo entre dos siglos, ofreciendo ese barroco en el desierto del que hablaba Bolaño al elogiarlo." Christopher Domínguez Michael; "Gran conocedor de los westerns y la Biblia, Sada entiende de duelos bajo el sol. Sus personajes cruzan frases afiladas... Celebrado por su lenguaje, Sada también es un notable constructor de tramas." Juan Villoro; "Hay en la poética de Sada la digestión de todo el claroscuro barroco, todo el realismo a lo Flaubert, y la endiablada y febril invención de un mundo que gira y gira" Ricardo Baixeras, El Periódico; "Sada, sin duda, está escribiendo una de las obras más ambiciosas de nuestro español, parangonable únicamente con la obra de Lezama, aunque el barroco de Lezama, como sabemos, tiene la escenografía del trópico, que se presta bastante bien a un ejercicio barroco, y el barroco de Sada sucede en el desierto." Roberto Bolaño.


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